Cuando todo marcha a la perfección, se tiene la impresión de estar en el ojo de un huracán, la calma es tan hermosa, el cielo despejado, silencio característico de comenzar, la pregunta es si es algo que se destruye para rehacerse mejor o peor.
Mis mañanas son hermosas, abrir los ojos sin tener que atender la alarma del reloj y que sean las 6 45 a.m., abrir la ventana para dejar pasar el canto de la aves que viven en el enorme hule, el claxon de los autos, los gritos de los camiones del gas, de los basureros, del señor de la tintorería, de los niños que llegan tarde a la escuela de la esquina. Schubert o Bach suenan en la grabadora, le sonrío al espejo del baño mientras me lavo para salir de casa.
Mis mañanas desayunando con él, planear el día con él, salir antes o después de él, y reunirnos para comer, todo es pretexto para un beso. Las comidas son hermosas en donde las hagamos, hasta el agua simple me sabe deliciosa. Estudiar, dibujar, reuniones con amigos/parientes, el cine, los paseos por el parque, ir de compras vanidosas y por despensa, hacer ejercicio, leer y en últimas fechas ver el fútbol por 10 min.
Nos declaramos ladrones de refrigerador a la menor provocación de apetito, inventando letras de canciones graciosas nos podemos a bailar en medio del estudio, nuestros testigos son unos patos de hule que nos robaron el corazón en un puesto de mercado.
Esta simpleza es amor, cada juego, cada capricho, cada sonrisa, cada beso, cada abrazo, hasta derramar el café es amor. Yo no pensé que llegaría a conocer la felicidad en todo su esplendor, mi semblante cambio soy otra, la triste esta dormida, la alegre más despierta que nunca.


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