Si un temor me desquicia ese es mi reflejo. La indecisión ante lo que tengo
y lo que tuve. Esa angustia de perder o ganar lo que en realidad no es pero es.
Tengo algo atorado en la garganta, en la cabeza, en el estómago. No sé qué es,
¿acaso aquel con quien confieso mis defectos?
Él quien deja caminos a mis pasos, mas me sigo de largo para detenerme donde siempre. Soy como un gato
que sabe donde esta su hogar, regreso a donde partí buscando lo que ya es mío.
Una vez en la morada, mis pensamientos caen como ceniza de cigarrillo que se fuma desganado,
hasta hacer eco sobre el suelo. Ahí son pisoteados por todos los ciegos y mancos que me rodean.
Arrepentida busco cómo hallarlos... es tarde me respondo, se han ido. Me han abandonado...
o los deje irse como todo lo que encuentro.
Quiero retener, dominar, doblegar, tragarme lo que encuentre al paso.
Ansiosa me dirijo a cazar corazones rotos, abro la jaula/brazos para dejarlos entrar y mantenerlos cautivos.
Los alimento, les doy ternura momentánea, los hago adictos a mi y luego desaparezco como llegue.
Desde mi sombra los observo, huelo el/su dolor y me hago fuerte con sus heridas.
Soy el ángel protector que los/te vuelve vulnerable/s, mis manos las dagas que atraviesan
el/tu corazón enfermo y listo para destrozar.
Esta apariencia dulce y caritativa contrasta con mis entrañas ya podridas por el desamor.
Mi perfume, el azufre disfrazado de calor de mujer. Soy perfecta para el que me conoce,
soy un camaleón, soy el sastre que te hace la ropa a la medida, soy tu futura tristeza, soy
el odio que deseas, soy la parte amarga de la toronja y la pulpa ácida de un mango antes de temporada.
Soy, y para ellos no soy por que no pueden tenerme. Te recuerdo tus fracasos, tus carencias, tus debilidades.
Y sin embargo no puedes deshacerte de mi. La soledad que te carcome es mi aliada, me da poder ante tus ojos cansados, ella me santifica ante tus debilidades.


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